Ahí te la llevas despacio, comprendo que está muy extenso, pero creo que vale la pena aventártelo (o séase que lo leas todo).
¿Por qué? —me pregunto—, ¿nadie se ha puesto a llevar a cabo una buena y efectiva campaña para ANIMAR al fumador a deshacerse de su compañero sin HOSTIGARLO? dan la impresión de que gozan torturando, como si no se tratara de un ser humano tan normal como los que no fuman. ¿Acaso no se han puesto a pensar que con todo eso, no baja drástica y efectivamente (como era de esperarse) el consumo de tabaco? que de 100 fumadores que se deciden a abandonar la adicción, recaen más de 80? ¿no es acaso alarmante como crece cada vez más el índice de fumadores adolecentes? AMENAZAR IMPRESIONÁNDOLO, se me hace una agresión cruel y dominante, más fatal y demasiado traumante para la psique del individuo fumador, que todo lo que YA SABE, puede sucederle por estaro llenando de humo mortal a su organismo.
En mi propia experiencia, voy a decirte, Blo, lo que pasaba por mi mente cuando alguien comenzaba a joderme en alguna reunión o festejo, con sus sermones amenazadores:
Me bloqueaba y me evadía poniendo música a “NO LO ACEPTO, NO LO ACEPTO, NO LO ACEPTO, NO LO ACEPTO, NO LO ACEPTO, NO LO ACEPTO…” ( tal y como lo hacía siendo niña, cuando no quería escuchar a mi hermana o a mi mamá o a alguna amiga diciéndome, regañándome o reclamándome algo) y cuando me sentía bien segura para devolverle al amenazador(ra) en turno con el mismo sarcasmo sus inoportunos y no solicitados argumentos, me levantaba, con una sonrisa de diente pelón me le acercaba y echándole el humo de mi cigarrillo en plena cara, le decía:
“En primer lugar, tú, cabrón(a) no tienes en tus manos nada de mi vida, menos de mi muerte ¿okas?, así que deja ya de chingarme, que en un descuido al salir de aquí me lleva la jodida en un choque y a ti te va a cargar la chingada con un muy buen cáncer en el hígado por aguafiestas, hijo(a)’e tu…” ¿sabes, Blo, cuál era el resultado al otro día al encender yo mi primer cigarrillo? Porque por supuesto que lo que me había dicho el (la) hijo(a) de puta no se se me olvidabaaa, noooo, me martillaba cada palabra sin parar; trataba con fuerza y angustiosa desesperación, de convencerme a mí misma repitiéndome mentalmente que no me iba a pasar nada en cada cigarro que encendía ¿y el resultado? ¡Fumaba más!!! formando en mi interior un aterrador círculo vicioso de miedos, culpas y cigarros; como me estresaba más, yo decía que el cigarro me calmaba, y por supuesto que le entraba más duro, aunque al acostarme, ya consciente de mis actos, me mentara la madre por no armarme de valor y mandar de una vez por todas a la jodida el méndigo vicio y esta torura me la apliqué por largo tiempo, pues como suele sucedernos a todos (cuestión psicológica comprobada), cuando nos quieren imponer a "huevo" algo, te brota la rebeldía y al otro día me valía madres lo que me habían dicho y "vaaa de nuez".










































